El Camello y la Barcelona ochocentista

Foto: Puerta de entrada a El Mercadillo en Portaferrissa 17. ???????????????????????????????

Aunque no queramos la historia nos asalta en cualquier esquina, a veces gratamente, otras con tristeza. Y este es el sentimiento que tuve al visitar el Camello después de mucho tiempo (años…) sin haber ido.
El Camello ofrecía la posibilidad de ver un interior ochocentista (de la segunda mitad del siglo XIX) como muchas otras tiendas del centro de Barcelona (Cortefiel, o los desaparecidos SEPU en lo que fue el antiguo jardín del Palau Moja o Gralla Hall, en la Casa Gralla). Estas pequeñas galerías, EL Mercadillo, popularmente conocidas como El Camello se inauguraron en 1975, como sucursal del primer Mercadillo que se había inaugurado en 1970 en Balmes/Sant Hermenegild. Los fundadores fueron los hermanos Pilar y Arturo Mijangos (luego Pilar sería la creadora de Zas) que imitaban los que años antes ya había surgido en Londres o Amsterdam, mercadillos donde se mezclaba lo nuevo con la segunda mano, lo hippie o lo underground, que era en esos momento la última moda pija. A principios de los 90, la época en el que yo lo conocí, era un nido de modernos, ropa de segunda mano, ropa militar, la peluquería, LA PELU (con la A invertida). El reino del kitsch que por las noches se complementaba con el bar de copas Satanassa.
Conservaba en ese momento muchos elementos de su decoración interior entre percheros de ropa: estucados, artesonados en madera, suelos de parquet y mármoles, arrimaderos, columnas de hierro forjado, las puertas correderas que se metían dentro de las paredes para ampliar o cerrar espacios, y, especialmente, la magnífica pared de estructura en hierro y cierres de vidrieras que limitaba la galería y daba acceso al jardín terraplenado.
A día de hoy, septiembre del 2013, de aquel pasado de modernidad, queda sólo la parte inferior, en lo que habían sido las cuadras del edificio. Esto de las galerías comerciales en antiguas casas señoriales parece ser algo típico de Barcelona. Las Maldà en el antiguo palacio del Barón de Maldà, o las ya desaparecidas Condal, en el solar que había ocupado el palacio del Marqués de Marianao en Passeig de Gràcia/Gran Via de les Corts Catalanes. El gran cronista de la ciudad, Sempronio, dedicaba en La Vanguardia un artículo al boom de las galerías en 1983 dedicando este párrafo a El Mercadillo, “El Mercadillo, de la calle de la Portaferrisa, con su bric-á-brac de puestos de venta, en los cuales le es posible a una chica probarse unos tejanos casi a la vista del público, empalma con la castiza tradición encantista local.” La modernidad encarnada en unas nalgas.
Poco después, Permanyer, también en La Vanguardia, en 1984, las describía de esta manera, comparándolas con las ya entonces decadentes Galerías Maldà: “Dos mundos vecinos y bien opuestos, porque en esta calle —la más joven, ahora de la ciudad— proliferan las tiendas de consumo para la muchachada. El Mercadillo fue pionera y abrió camino. Lo instalaron en lo que debió ser la cochera de la casa. En la hora presente se aglomeran ya las tiendas plenas de tentaciones para los quinceañeros, y atendidas por vendedores de igual edad descarada. Lo último que se ha instalado es un gran bazar punk —en el piso superior al Mercadillo— , decorado con más desenfado que imaginación y originalidad. Demasiado frío, y de ahí que me atraiga más la clientela: enlutados, crestas y colorines, las piernas calzadas en leotardos se les tornaron delgadas como lápices, agazapados tras gafas siniestras, los punkies deambulan con aire cargado de indiferencia y como flotando entre dos aguasal igual que un corcho. Aires rock a todo decibelio, un leve perfume a porro, hospitalidad sin puerta ninguna, todo induce a sospechar que aquel tramo de calle quiere ser y es distinto.”
En 1998 aún se mantenía como icono de la modernidad “La modernidad hecha ropa de segunda mano, plataformones de vértigo o gafas y anillos llevados a la exageración. En definitiva, la modernidad hecha provocación”, Margarita Puig dixit en La Vanguardia en 1998.

Foto: La terraza de El Mercadillo en el artículo de La Vanguardia y en la actualidad.
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En el 2005 por problemas entre el dueño de El Mercadillo y la propiedad del edificio el negocio cierra la primera planta, la que estaba situada en el principal, quedando abierta únicamente las tiendas de las antiguas cocheras y la cafetería El Jardí. Problemas concretos a parte (parece ser que aunque los dueños de las tiendas pagaban el alquiler a El Mercadillo, per éste no lo pagaba al propietario del inmueble), el cierre se inscribía en la crisis que afectó a todas las galerías de Barcelona, provocando el cierre o transformación de muchas.

Foto: Interior de El Mercadillo en día del cierre de las tiendas del principal. Foto en el artículo de La Vanguardia.
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El Mercadillo estaba situado en el principal de la casa Josep Martí i Fàbregas. En el estudio de Joan Palomas i Moncholí (El rerefons econòmic de l’activitat dels parlamentaris catalans, 1876-1885), Josep Martí aparece como uno de los principales propietarios de inmuebles de Barcelona en el periodo, llegando a ser en 1879 concejal del Ayuntamiento de Barcelona. El edificio tiene una estructura del siglo XVIII, reformada en 1864 por Miquel Garriga i Roca (1804-1888). Según el catálogo de patrimonio de Barcelona del siglo XVIII se conserva la estructura general, con la entrada, la caja de escalera con los arcos rampantes y los adornos rococó, así como los arcos rebajados de la puerta de entrada. Las terracotas de la fachada, cuatro grandes mascarones de la cornisa que actúan como gárgolas, son herederos de este tipo de escultura en piedra típicos de la arquitectura neoclásica, según apunta Salvador García (en su tesis doctoral La Terracota como elemento ornamental en la arquitectura de Barcelona. Técnicas de fabricación, conservación y restauración). La intervención de Garriga i Roca modificó la fachada, añadiendo balcones y la distribución interior. De esta época debe ser la decoración interior. El jardín se debió ejecutar aprovechando los típicos jardines sobre un terraplén del siglo XVIII. Hay elementos neogóticos en él.

Fotos: Caja de la escalera y pasillo de entrada (siglo XVIII) con la antigua garita para el portero (siglo XIX).
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El interior recuerdo que era el típico de esta época, habitaciones en enfilade, suelos de parquet en las habitaciones más nobles y mármol en la entrada y galería. Artesonados en madera con pan de oro y cielos rasos con yeserías. Algunas habitaciones conservaban pinturas en los techos y destacaba el uso de ricas policromías en columnas y demás elementos decorativos. La vidriera de la galería con cristales gravados al ácido y vidrieras emplomadas con motivos florales de inspiración neogótica.
Destacaba también la magnífica puerta de entrada a la casa, al piso principal, ricamente esculpida y con tiradores de bronce.

Fotos: Detalle de dos de las habitaciones interiores captadas desde el patio interior.
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Fotos: Interior de la galería y detalle del arrimadero cerámico.
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Fotos: Vista del techo de la galería y vidrieras de cierre de ésta.
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Fotos: Detalles del estado de las vidrieras.
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Vacío desde el 2005 ofrece un aspecto desolado, los elementos más delicados como las pinturas de los techos parecen estar sufriendo mucho la dejadez y si la propiedad no tiene la sensibilidad adecuada (o los futuros nuevos inquilinos) se pueden perder elementos decorativos originales, como suelos, artesonados, molduras o los restos de decoración mural que aún se pueden apreciar en algunas salas. El edificio está protegido por el Ajuntament de Barcelona y catalogado como BCIL (Bien cultural de Interés Local), pero eso para nuestro ayuntamiento no significa nada.
No es la única tienda en un interior señorial del XIX que ha cerrado en Barcelona, impidiendo ver su decoración y haciendo temer por su conservación. Es lo mismo que la antigua tienda Charol, otro de los iconos de la modernidad de mi juventud. Situada en el principal de la Avenida del Portal de l’Angel número 6, conservaba buena parte de su antigua decoración (suelos, artesonados, pinturas, etc). La tienda cerró hace poco y viendo el estado de las puertas de acceso al principal hace temer lo peor. La casa se realizó hacia 1870 (según el Catálogo Patrimonial de la ciudad) y solo está catalogada como Bien de Interés Documental, por los restos medievales y romanos que posiblemente se ocultan dentro de la estructura del edificio, que aunque exteriormente parece del XIX, como todas las casas de esta zona, tiene sus orígenes, cimientos y muros anclados en siglos anteriores.

Fotos: Fachada, escalera noble y puertas del principal de Portal de l’Angel 6.
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La historia de una ciudad se descubre paseándose por ella, por sus elementos vivos y cambiantes. Conservar el pasado no está reñido con la modernización, el turismo o la explotación económica. Simplemente se ha de tener la sensibilidad adecuada para conjugar todos estos elementos. París, Amsterdam, Londres poseen casas del siglo XIX que pertenecieron a personajes ilustres abiertas al público. Nosotros contamos con muy pocas y estos comercios del centro en casas señoriales pueden ser una oportunidad de salvar un patrimonio oculto rentabilizándolo para el propietario del edificio. Solo falta la complicidad de inversores, Ajuntament y propietarios y la de un buen diseñador que evite errores como el la tienda instalada en el edificio de Catalana de Gas (1895) de Josep Domènech Estepà, todo un despropósito. El ejemplo a seguir sería el de la tienda Vinçon, en Passeig de Gràcia en la casa que fue del pintor Ramón Casas con interiorismo de Josep Pascó.

Fotos: Interiores de Cortefiel (techo) y Casa Gralla (pared) con las decoraciones originales.
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