Ricard de Capmany y los cafés Torino

familia capmany  Flaminio Mezzalama album salon 1904 retratoFotos: Julia de Montaner, Ricard de Capmany y su hijo Ramon, extraída del libro Ramon de Capmany, de Antonio Salcedo, Ed. Ausa, Sabadell 1994. Y retrato de Flaminio Mezzalama de Album Salón, de 1904.

Ricard de Capmany (1871-1947) es uno de esos nombres que se repite constantemente al hablar de decoración de interiores modernistas. Es un personaje clave, y sin embargo su obra es muy limitada. En el sentido moderno Capmany es más un diseñador de interiores que un diseñador de objetos. Se conocen algunas piezas diseñadas por él, como la corona de la Virgen de la Misericordia, algunos pendones procesionales  (el de la Misericordia, de 1907) y festivos (celebración del 400 aniversario del descubrimiento de América), el altar de Sant Josep Oriol en la parroquial de Canet, los ropajes de los gigantes de Santa Florentina de 1902 o carros de comparsas para determinadas fiestas populares. Desgraciadamente la mayoría de estos objetos, por su carácter efímero o por las destrucciones del patrimonio religioso no han llegado a nosotros.

Fotos: Altar de Sant Josep Oriol (desparecido), Corona de la Misericordia, Pendón de la Misericordia (desaparecido), los gigantes de Santa Florentina (solo se conserva parcialmente los ropajes).

altar sant josep oriol ATV FIG 2 FIG 3 foto 1902 familia

Sin embargo su fama no se debe a estos diseños, sino a su trabajo como decorador. Su gran obra fue sin duda el interior del Castillo de Santa Florentina, un trabajo realizado junto a Lluís Domènech i Montaner, del que hablaré próximamente… Pero el que más reconocimiento le otorgó sin duda fue el interiorismo de los dos cafés Torino, el primero de 1901 en la calle Escudillers (y que aún existe con el nombre de Grill Room) y, en 1902, el de Passeig de Gràcia/Gran Via, desaparecido en la década de 1930, aunque ya hacía años que había dejado de funcionar como café.

Si Flaminio Mezzalama, el dueño de los Torino, y representante del Vermouth Martini & Rossi se vino a Barcelona no fue por una ansía de aventura ni por el atractivo de una ciudad que en aquellos años no debía tener el glamour de la potente Turín. Fue por la ley de aranceles. En 1891, el gobierno a petición de los fabricantes catalanes pone un impuesto a todos los productos manufacturados de importación. Se trata de obtener el monopolio del mercado nacional. Por un lado impulsó las pequeñas industrias locales que se lanzaron a copiar los productos europeos patentándolos con ligeras variaciones (así la mayoría de los muebles Thonet españoles no son vieneses, sino valencianos “al estilo Thonet”). Otras empresas como Martini, decidieron instalar fábricas de producción en España para evitar ese arancel de importación.

Llega Flaminio en 1893, montando una pequeña fábrica que, 1897, ocupaba a 30 obreros en Sant Martí de Provençals, en la calle Drumen, para vender el producto, según un catálogo de la época, a toda la Península, Antillas, Filipinas, Canarias y Norte de África.

En 1901, abre su primer local, al que llama Torino, en la calle Escudillers, el motivo porque el cual encargó la decoración a un desconocido Ricard de Capmany seguramente se debió a la relación personal. El primer Torino estaba situado en lo que era la casa familiar de los Capmany, que todavía vivían en la Barcelona vieja. La fachada todavía muestra los estucados, que simulan tapices colgantes, de cierto aire romántico/goticista realizados en 1892. Capmany tenía aspiraciones artísticas y había presentado algunos cuadros en las exposiciones oficiales de la ciudad, en 1894 y 1898. Seguramente este estucado es diseño de él. Ese mismo año, Lluís Doménech i Montaner construyó una habitación en el terrado que debía de servir, posiblemente, como estudio del joven Capmany.

Fotos: Detalles de la fachada de Escudillers de la casa de la familia Capmany.

fachada calle Escudillers estucados fachada calle Escudillers estucados fachada calle Escudillers   estucados fachada calle Escudillersestucados fachada calle Escudillers

Ese primer Torino ya tuvo una enorme repercusión en la prensa, por la riqueza de su decoración. Capmany actúa como un decorador, buscando y encargando a los mejores, moblistas y artistas la decoración del local bajo sus directrices, o como dicen en la revista Hispania de 1902 en un reportaje sobre este Torino, son intérpretes de la inspiración de Capmany. Sin duda su marca o sello es la mezcla de elementos típicamente art nouveau, como las flores y las formas en coup de fouet, en un ambiente de reminiscencias evocadoramente góticas y germánicas. Entre otros talleres y artistas participaron los ebanistas Calonge, el escultor Diego Masana, los marmolistas hermanos Buzzi, las vidrieras de casa Gabarró y el pintor Ventosa (con paneles con alegorías de la ciudad de Turín y escenas de la vendimia y la fabricación del vermouth.  En las fachadas los escudos de la ciudad de Turín, con un león rampante, y las iniciales del dueño, FM.

Fotos: El Torino de Escudillers publicadas en Hispania, abril de 1902 y actuales.Cafe Torino Escudillers Interior cafe Torino Escudillerscafe Torino, Grill Roomcafe Torino, Grill Roomcafe Torino, Grill Room

Un año después, en 1902, Flaminio abre una sucursal del Torino en Paseo de Gracia, que sería galardonada con el premio al mejor local comercial de la ciudad de ese año. No se reparó en gastos. A las órdenes de Capmany se pusieron arquitectos de la fama de Josep Puig i Cadafalch, autor de los techos de los salones, Antoni Gaudí (autor del salón árabe) o Pere Falqués (responsable de la marquesina exterior, realizada por Manuel Ballarín). Junto a ellos repiten algunos talleres de industrias artísticas del primer Torino: Massana, los Buzzi… Y se suman otros como el pintor  Ricard Urgell (hijo del célebre Modest Urgell), las vidrieras de Bordalba y Cia, las lámparas de Masriera y Campins, las pinturas decorativas de Sacanell y García, además de los toques italianos, los mosaicos venían de un taller de Venecia, los cristales de los hermanos Toso de Murano. Pero lo que más llamó la atención era el empleo de el sistema de Hermenegildo Miralles, que con pasta de papel prensado, cartón piedra, reproducía el aspecto de elementos decorativos en madera, cerámica o hierro, con lo que, por un módico precio, se conseguía la ilusión de una decoración riquísima.

Fotos: De la revista Hispania de noviembre de 1902 del Torino en Paseo de Gracia.cafe Torino Paseo de Gracia cafe Torino paseo de Gracia cafe Torino Paseo de Gracia cafe Torino Paseo de Gracia

 Fotos: De 1904, de las revistas Pluma y Lápiz y Album Salón, del Torino de Paseo de Gracia, detalle de la fachada, premio del Ayuntamiento de Barcelona, fachada, salón exterior, salón interior, escaleras al salon íntimo (el árabe de Gaudí y detalles diversos.

album salon 1904 detalle fachada album salon 1904 diploma album salon 1904 fachada album salon 1904 salon 1 album salon 1904 salon 2 album salon 1904 salon intimo pluma y lapiz

Fotos: Ejemplos de azulejos de Hermenegildo Miralles realizados en cartón piedra (fotos de todocoleccion.net).

 rajola/azulejo Hermenegildo miralles rajola/azulejo de Hermenegildo miralles 7

Si exceptuamos el Castell de Santa Florentina, Capmany no realizó ninguna obra más como decorador profesional, a excepción de las decoraciones efímeras de algunas celebraciones como la visita al Castillo de Santa Florentina del rey Alfonso XIII. Tras casarse con una rica heredera, Julia de Montaner, hija de Ramon de Montaner, uno de los dueños de la importantísima editorial Montaner y Simon, y sobrina de Domènech i Montaner, Ricard de Capmany se dedicó unos pocos años a la política.  Según su hijo, el pintor Ramon de Capmany, “no trabajó nunca” y su única ocupación  era montar a caballo. Se puede decir que con Julia, su mujer, formaron una excéntrica pareja, que vivían en una atmósfera impregnada del pasado, sin contacto con la realidad del siglo XX, que sin duda les desagradaba. Así recuerda su hijo, que de adolescente, en su primer viaje a París, su madre la preparó una maleta llena de ropas de terciopelo, capas y prendas que hubiesen causado la hilaridad, como si en lugar de la capital de la modernidad, los cabarets y la luz, se dirigiese a la corte de los Valois o de Catalina de Medici.  Cuando Ramón, se corta, en 1910, el pelo, que hasta ese momento llevaba con melena a lo page, a su madre le dio tal “soponcio” que tuvo que guardar cama varios días. No se podía esperar nada más de unos personajes que vivían entre su residencia de Barcelona, el palacio Montaner (actual Delegación del Gobierno de España) y el Castell de Santa Florentina en Canet, ambos edificios de Lluís Domènech i Montaner. Cuando en 1908, Ramon de Montaner recibió el título de conde del Valle de Canet, de manos de Alfonso XIII, el semanario L’Esquetxa de la Torratxa ironizaba que no sabía quien estaba más contento con el título, si el padre, la hija o el yerno. Un título que los convertía, por fin, en lo que ansiaban ser.

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