Barcelona: un museo de cerámica modernista al aire libre

Como muchas otras ciudades Barcelona es un museo de las artes decorativas. Paseando por las calles podemos disfrutar, entre otros muchos elementos, de una colección de cerámica arquitectónica como no la tiene ningún museo del país.

Ceramica diseñada por grandes arquitectos, como los sotabalcones de la Casa Terradas (de Puig i Cadaflach)un diseño de Antoni Maria Gallissà; y la fachada de la Casa Thomas de Domènech i Montaner, un tapiz en el que se entrelazan ramas de olivos y hojas, flores y capullos de la flor del diente de león.

La recuperación de técnicas antiguas como los intentos de imitar la cerámica dorada de Manises del siglo XVI en la cerámica en relieve del Palau Montaner, también de Domènech i Montaner.

Las composicines de diferentes piezas de los sotabalcones y los paneles neoárabes de la Casa Carlos de Llanza, calle Marqués de Barberà, de Gallissà.

La cerámica en relieve que reemplaza elementos arquitectónicos en piedra como en la Casa Golferichs de Joan Rubió i Bellver o del mismo arquitecto la Casa Isabel Pomar en Girona 86.

Y en las porterías arrimaderos de importanción valenciana o andaluza, como el de la calle Valencia 226, azulejos decorados a la cuerda seca de la Casa Pickman, en la Cartuja de Sevilla (compuesto por el modelo nº38 y el remate de ese azulejo, ambos de 20x20cm en lo que el catálogo se llama azulejos cloisonné).

En la calle Tallers 9, uno de la Pujol i Bausis, diseño de Domènech i Montaner; en este edificio tuvo la Pujol i Bausis una de sus sucursales de venta en Barcelona.

Las incleibles piezas de flores y capullos de la Casa Granell, de Jeroni Granell en la calle de Roger de Lluria.

O el menos conocido de los paneles de la Casa Terradas, un jarrón de rosas con las iniciales de la propietaria de la finca, Rosa Terradas i Brutau, dibujado por Enric Monserdà.

O en cúpulas que recuerdan la arquitectura barroca, como la Casa Enric Laplana, de Bernardí Martorell, en el Passeig de Sant Joan. Y si de alturas hablamos las casi invisibles pero magníficas de la fábrica Casaramona, Caixaforum, de Puig i Cadafalch, trencadís incluido, de un azul increíble.

La barandilla de la escalera de la Casa Sayrac es un ejemplo de cómo se utilizan todos los medios, incluso los más económicos, en este caso la incrustación de piezas de cerámica y vidrio, para crear una sensación de lujo, riqueza y exotismo sin un gran gasto.

¡Estos ejemplos y muchos más se aparece antes nuestros ojos si miramos con atención!

 

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3 respuestas a Barcelona: un museo de cerámica modernista al aire libre

  1. Muy interesante tu Blog
    Solo me gustaría añadirte el comentario que las cerámicas de la Casa pomar de la calle Girona son obra del taller de Sebastian Ribó de la Calle 2 de Mayo
    Un cordial saludo
    Luis Gueilburt
    ¡

    Me gusta

  2. Pingback: Barcelona, un museo de la cerámica en sus calles | Del Modernismo

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