Arrimaderos, pavimentos y otros elementos decorativos en Can Deu

   

Can Deu fu construida para Josep Deu i Mata. La familia Deu eran unos empresarios de bebidas alcohólicas originarios del municipio de Les Corts, actualmente un barrio de Barcelona. En una de las plazas principales se hicieron construir en 1897 una mansión por uno de los arquitectos de más prestigio de la época, hoy día prácticamente olvidado, Eduard Mercader Sacanella. Es un edificio eclecticista, con elementos clasicistas, historicistas y modernistas.

Destacan la calidad de los elementos decorativos y el uso, en diferentes grados, de todas las técnicas artesanales del momento.

La escultura decorativa es escasa, normal en este tipo de construcciones, algunos florones neogóticos y las pilastras que sostienen la reja que rodea el jardín, pilares rematados por formas onduladas con rosas claramente modernistas.

 

Esgrafiados, en la entrada, que imitan un aparejo de piedra y roleos. Hay además pinturas decorativas en el gran saló de la segunda planta de clara influencia del arte japonés.

 

Las yeserías de los techos, de inspiración claramente clasicista con florones y hojas de palma.

      

También es discreta la aplicación de vidrieras, con un gravado al ácido representando a Mercurio y vidrios esmaltados en la enorme cirstalera que da al jardín.

  

La fundición en hierro de la escalera principal, con mezcla de elementos góticos y clásicos. No he logrado saber de que fundición viene, pero es el mismo modelo que podemos ver en los balcones de la casa Bosch i Alsina (esquina Plaça de Catalunya con Ronda Universitat) de B. Bassegoda y construida en 1892.

Lo que más llama la atención son los suelos. En ellos vemos una clara jerarquía. En las salas abiertas a las visitas vemos mármoles y mosaico romano. En el resto de salas pavimento incrustado al fuego (barro cocido) de los hornos de J. Romeu Escofet. En las habitaciones auxiliares (cocinas, baños, etc) pavimento hidráulico (realizado con cemento).

  

      

Quizás la parte más espectacular son las cerámicas. Vemos cerámica de origen valenciano, como el arrimadero con palmetas marrones de la fábrica Valldecabres.

    

También una en azul y crema de la fábrica Pujol i Bausis de Esplugues (en el museo de La Rajoleta se conserva una pieza idéntica).

  

En la chimenea del gran salón de la segunda planta cerámicas emaille de procedencia, seguramente, inglesa.

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Donación de cerámica de Lluís Bru a la Casa museu Domènech i Montaner

            

EL arrimadero antes de ser restaurado (tenía un azulejo roto), y durante el montaje en su lugar definitivo en la casa museu Domènech i Montaner

 

La Casa museu Lluís Domènech i Montaner ha recibido una magnífica donación de un conjunto de azulejos. Lluís Domènech Girbau, biznieto del arquitecto modernista, ha regalado unas piezas del siglo XIX, seguramente valencianas de hacia 1880. Pero lo más espectacular es parte de un arrimadero modernista.

Se trata de un diseño de Lluís Bru y producido por la fábrica Pujol i Bausis de Esplugues de Llobregat. La pieza se ha incorporado a la exposición que actualmente se realiza en la Casa museu, La cerámica modernista i Lluís Domènech i Montaner.

Página del catálogo de la Pujol i Bausis con este arrimadero

Es un dibujo de tradición neoclásica en el que se aprecian tres niveles, que van gradualmente reduciendo la masa dibujada para crear una sensación de espacio y volatilidad. Arriba de todo tenemos unas guirnaldas de flores blancas y rojas entrelazadas con cintas azules. En un plano intermedio colgando de las mismas cintas que sujetan las guirnaldas vemos ramos de naranjas muy estilizadas, reducidas a dos simples discos de color plano. Vemos luego una amplia zona con una lazada tratada de una forma más realista que termina en un amplio vacío. Todo este conjunto de frutal y floral está superpuesto a un fondo que imita la rugosidad de una pared sobre la que se sitúa una pérgola de madera, estructura que soporta las guirnaldas.

     

Los colores predominantes son los ocres y rojizos, menos en el zócalo (un azulejo monocromo de color verde) y la moltura que corona la cenefa superior (una pieza enmoldada de color verde). Estas dos piezas no se han conservado en el arrimadero donado a la casa museo.

Este arrimadero se comercializó en dos versiones, una con la cenefa y moldura superiores ondulada y otra recta.

       

El arrimadero ya situado en el contexto de la exposición actual

Domènech i Montaner lo usó en el comedor del Pabellón de Distinguidos del Hospital Pere Mata de Reus. Pero fue un diseño muy popular utilizado en muchos lugares desde el comedor de La Salle Condal, de Bonaventura Bassegoda, hasta la casa Manuel Planas (1908) de Sitges, obra atribuida al mestre d’obres Gaietà Miret pero con planos firmados por el arquitecto Josep Pujol i Brull. También en el muro exterior que rodea el Mas Grau, en Canet de Mar, en un pésimo estado al encontrarse a la intemperie. Incluso la podemos ver en los azulejos que se usaron para recubrir los depósitos (para impermeabilizarlos) de la misma fábrica Pujol i Bausis

Muro del Mas Grau, abajo el comedor de La Salle

            

Las naranjas no son un motivo muy popular del modernismo en Cataluña, sin embargo es uno de los temas preferido, por motivos obvios, del modernismo valenciano. En Arenys de Mar, en una de las casa de la Riera podemos observar un arrimadero con naranjas que parece remotamente inspirado en este de Lluís Bru.

     

El arrimadero en el comedor del Pere Mata de Reus

     

Depósito de la Pujol i Bausis y arrimadero con naranjas en Arenys de Mar

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Barcelona museo de cerámica al aire libre (5)

Hoy un rápido recorrido por algunos edificios por los que hemos pasado centenares de veces y quizás no nos hemos fijado de las discretísimas aplicaciones cerámicas que poseen, como adorno, en sus fachadas u otros elementos arquitectónicos. Algunos son más difíciles de ver, otros están en primerísima línea pero no evidentes.

Empezaremos con los restos de la cerámica, de rajoles de mostra valencianas de mediados del siglo XIX y que han quedado en la fachada de lo que fue un ala del edificio del complejo de La Casa de la Misericordia, donde hoy en día se alza la facultad de Geografía, Historia y Filosofía. Debieron situarse en lo que fueron algún lavadero o zona auxiliar, recuperando ejemplos de los que se usaron en el resto del edificio. Por el tamaño, de 20×20 seguramente son valencianas, en esa época, la mayoría de las rajoles de mostra catalanas eran de 12x12cm. Para saber del complejo de La Casa de la Misericordia ver aquí.

Del Raval saltamos a la Rambla, en el edificio de la Academia de las Ciencias y las Artes, de Josep Domènech i Estepà, en la cista de las cúpulas de las pequeñas torres, en las que se encuentran los observatorios astronómico y meteorológico, azulejos rojos y amarillos,

No muy lejos, la Casa de Ròmul Bosch i Alsina, un enorme edificio de reminiscencias goticistas, de la familia de arquitectos Bassegoda, en el que encontramos cerámica neoárabe, cerrando los óculos superiores de la enorme tribuna de la fachada principal.

En Rambla de Catalunya 22 un edificio del que no tengo datos, pero adorna las lindes y óculos de las ventanas con una cerámica al estilo de las de mostra del XVIII.

En la calle Balmes-Diputación,  la casa de Enrique Bobes, un edificio de autoría compleja. Los planos, de 1896, aparecen firmados por Manuel Comas i Thos y Enric Sagnier. Parece que el autor es el primero y el segundo debió de realizar alguna tarea de supervisión o modificaciones. En 1905 el edificio es parcialmente modificado por Marceliano Coquillat. En la circular portería encontramos un arrimadero de color verde.

Volviendo a Rambla Catalunya 123, una de las casas Verdú, de los arquitecto Maurici Augé y Salvador Viñals, la tribuna y balcones de la casa estan adornados por una simpele cenefa de axulejos verdes que enmarcan una pieza en relieve que representa una flor, quizás un crisantemo.

Y finalmente en Rambla Catalunya-Diagona, la Casa Serra, de Josep Puig y Cadafalch y sus magníficas crestarías, jarrones y dragones en cerámica.

 

 

 

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Nolla y Anchisi en Canet y Arenys

Resumen de la ponencia que presentamos J.M Llodrà y yo en el II Congreso Nolla.

Antes de la aparición de Nolla, los suelos más comunes eran de losetas o baldosas de barro cocido, que podían formar un pavimento uniforme o con figuras geométricas. Casi cada ciudad o pueblo tenía algún horno que se dedicaba a su fabricación, aunque había centros especializados, como en Cataluña la ciudad de la Bisbal. Las estancias más lujosas o recintos especiales se pavimentaban con mármol o parquet.

Ya a mediados de siglo XIX hay algunas fábricas que empiezan a destacar por el diseño de estas losetas de barro, más sofisticadas y de mejores acabados, como podían ser la fábrica de Antonés y Cía. o la J. Romeu Escofet, ambas en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

 

Interior del Palacio de la Virreina (Barcelona) y Can Saragossa (Lloret) con pavimentos de barro, el segundo seguramente de Antonés.

Con el nacimiento de Nolla (gres), se produce una alternativa a este pavimento cerámico. Nolla destaca por su dureza, coloridos y capacidad de realizar infinidad de diseños. No es la única alternativa al pavimentos tradicional. La loseta de barro evoluciona hacia el mosaico incrustado al fuego. Es en este mismo momento que también aparece el pavimento hidráulico (cemento prensado). Ver diferencias entre ellos aquí. Ver interiores con Nolla en calle Princesa, en la Casa Bonay y en la calle Trafalgar.

El mosaico incrustado al fuego consistía en una loseta de barro, sobre la que, con una plantilla, se realizaban unas hendiduras que rellenadas con barro líquido coloreado, al cocerse formaban un dibujo. En un primer momento estos dibujos se inspiran en las piezas de barro medievales realizadas con esta misma técnica (que se recupera algunos años antes en Inglaterra, dentro del Gothic Revival) y también en los diseños de Nolla, que imitan a medida que Nolla se convierte en el referente del lujo y acabados de calidad.

            

Página de un catálogo de mosaicos incrustados al fuego de J. Romeu Escofet y piezas utilizadas por Domènech i Montaner que se conservan en la Casa museu Lluís Domènech i Montaner.

En Canet y Arenys vemos como en 187o-1880 las casas más lujosas de ambos pueblos se decoran, en las estancias de recibir visitas (salas de música, salones de baile, recibidores), con Nolla, el más lujoso; y el resto de habitaciones con pavimentos de barro cocido.

       

Interiores de las casas Font, Busquets y Parera con pavimentos de Nolla

Interiores de la casa Font con suelos de barro en pasillos y dormitorios

Pero con la llegada del mosaico incrustado al fuego la cosa cambia, en Arenys el italiano Angel Anchisi es el alma de una fábrica que producirá un mosaico de gran calidad que ocupará el lugar de Nolla en estas dos localidades. Estéticamente representa una novedad, tiene atractivos colores y diseños, en la publicidad se presenta como de gran dureza (incrustado al fuego) además de asociarse a acabados de lujo (se le llama mosaico, no baldosa…). Pero es que por la cercanía de la fábrica resultaba mucho más económico, además de más fácil instalación. Desde el principio la prensa compara ambos productos (Nolla y Anchisi) y si en general ambos conviven en mercados muy amplio, como en Barcelona, en lugares concretos como Arenys y Canet, Anchisi se impone, siendo en la década de 1890 prácticamente el único usado, hasta que el pavimento hidráulico se impone y supone la desaparición y cierre de la fábrica Anchisi en 1898.

   Pavimentos Anchisi en la casa Busquets de Canet

Pavimentos Anchisi en diferentes casas de Arenys

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La casa de la calle Valencia 263

    

La casa de la calle Valencia me llamó la atención por la decoración de su fachada. Especialmente la que se concentra en el último piso, un llamativo friso de pinturas, no parecen esgrafiados (desde la calle no es visible la técnica); en la que se representa sobre un fondo, que recuerda la cubierta de tejas de pizarra de las mansardas parisinas, unas figuras femeninas que son alegorías de las artes: poesía, escultura, pintura y música.

Me ha costado encontrar alguna información sobre esta histórica finca. Como primer propietario consta Federico Bonay, vice consul del Brasil y regidor del ayuntamiento de Barcelona, que no vivía en ella; en esa época Bonay residía en Passeig de Gràcia y más tarde en la calle Caspe. Los Bonay eran una de las familias de industriales (aserraderos e importadores de madera) más importantes de la ciudad, la casa familiar, la casa Bonay, estaba en la Gran Via.

También, en 1901, en uno de los pisos de esta finca se fundó la Asociación Wagneria por Luis Suñé, Amalio Prim, José María Ballvé y Joaquin Pena, este último residente en dicha finca.

No he logrado dar con el arquitecto, pero en ese momento, la familia Bonay, en plena fiebre constructiva en el Ensanche, trabajaba con numerosos arquitectos y mestres d’obra: Salvador Viñals, Isidre Gili i Moncunill, José Marimon y Cots… Así que pudo ser cualquier de ellos u otro. Como siempre, cualquier información será bienvenida!

 

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Barcelona un museo de cerámica (4)

Detalles de algunas de las cerámicas que se pueden admirar por las calles de Barcelona en las fachadas o lanzando furtivas miradas a los patios y porterías…

   

Fuente barroca con azulejos de mostra catalanes y valencianos de mediados del siglo XIX, patio del Palau Fivaller, plaza Sant Josep Oriol.

   

Arrimadero de la portería de la casa de Carlos de Lanza, en calle Marqués de Barberà, una de aquellas restauraciones tan agresivas que traspasado la puerta parece una casa de ahora mismo, cuando es de 1898, arquitecto Antoni Maria Gallissà.

   

De la década de 1880/1890 ha de ser esta especial casa de la calle Bolivar, ni en el archivo de la ciudad de Barcelona, ni en el de Gracia he encontrado referencias de este edificio. Cualquier información será bien recibida! Destaca porque en las ventanas/balcones, la decoración se realiza con piezas de gres de Nolla, algo que no es nada habitual, pues se reservaba para los interiores.

                

Y unas de las cerámicas quizás menos vistas del la ciudad, la riqueza cromática, de estilos y de texturas es magnífica en la fachada de la plaza de toros de Las Arenas, bueno o lo que queda de ella después del destrozo interior para transformarla en centro comercial clónico. De August Font i Carreras, del año 1900.

  

La Casa Farreras en Granvía 536, tan delirante por fuera como por dentro. Del arquitecto Antoni Millàs, 1902.

   

Si levantamos la vista hacia las torres del Conservatori de Música veremos que la cerámica no solo la encontramos en el fantástico interior sino también en el exterior. Una cerámica organicista, casi noucentista bajo el alero y con mosaico cerámico bajo los ventanales. De Antoni Falguera, construido entre 1916 y 1927.

 

Arrimadero en una portería de la calle Unió, en el Raval. Un modernismo menos conocido que el de otros barrios pero no por ello inexistente!

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Las casa de los Ullés en la calle de la Mercè 10: un interior modernista/ecléctico

La calle de la Mercè era a mediados del siglo XIX una de las calles de prestigio para vivir en la ciudad amurallada. Así que no es de extrañar que Miguel Elias encargase la construcción de dos edificios de lujo destinados a viviendas. Encargó primero su casa, el numero 12  (1842) al arquitecto Josep Vilar (información obtenida en la página de UPF) y después un edificio de apartamentos de alquiler (en 1852) a Joan Nolla, que hizo un proyecto idéntico al anterior, clasicista con decoraciones escultóricas con alegorías del comercio, la industria o el puerto. Las casas daban por detrás a la calle bajo Muralla, que con la desaparición de las murallas se convertiría en el Paseo de Colón.

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Vista de la ciudad hacia 1860

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Vistas del paseo de Colón, resultado del derribo de las murallas y al que daba la fachada trasera de las fincas de la calle de la Mercè. la primera es de ca. 1885, la segunda con el hotel Internacional de Domènech i Montaner es de 1889. Fotos de Antonio Esplugas (AFB).

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Foto de Emili Ullés con el paseo de Colón nevado e imágenes de las fachadas de los números 10 y 12 de la calle de la Mercè.

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Decoraciones escultóricas

Pero la imagen actual se la debemos a la profunda reforma que realizó en 1884 la propietaria de ese momento, Maria Rosa Costas, viuda de Jover que encargó al mestre d’obres Antoni Serra i Pujals una monumentalización de la puerta de acceso (convirtiéndola en un gran arco de triunfo a doble altura con las iniciales de la propietaria) y del patio interior. Actualmente forma parte de la UPF, aunque en su momento, además de viviendas particulares también fue sede de las oficinas del famoso Anís del Mono.

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Detalle del proyecto de Antoni Serra e imágenes del patio central en la actualidad.

Parece ser que durante la guerra civil, cayó una bomba en el terrado que, por suerte, solo causó daños menores.

Pero lo más interesante de estas fincas fue que en el número 10, seguramente en el principal, vivió la familia Ullés/Costas. Emili Ullés Daura, era un empresario textil (fábrica en Vinarós) y su esposa Angelina Costas venía de una de familia fabricantes de papel (fábrica en la Pobla de Claramunt).

Emili Ullés era aficionado a la fotografía y en el AFCEC dejó toda una serie de retratos familiares y vistas de su casa en la callé Mercè que nos permiten ver un rico interior de una familia burguesa. Las criadas, la dida, los pesados muebles lacados en negro isabelinos, de la ditada conviviendo con las airosas y doradas sillas modernistas o las de estilo historicista alfonsino. Los papeles pintados de las paredes de motivos Art Nouveau, los bibelots, la importancia de los tejidos, las modas japonizantes (con un biombo), las lámparas de gas luego transformadas a eléctricas, los estucados de las paredes, las ricas alfombras que visten los suelos.

12-afcec_ullesd_x_0164  13-afcec_ullesd_x_0218 15-afcec_ullesd_x_0600  16-afcec_ullesd_x_0901 Diferentes vistas del comedor con la niñera y los tres hijos del matrimonio (Emili, Josep Maria y Francesc).

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Pasillo y retrato con silla modernista y biombo.

23-afcec_ullesd_x_1104 26-emili-ulles-daura-afcec_ullesd_x_2084 24  la sala del piano, no podía faltar.

Y unos pavimentos de lujo que se introdujeron en la década de 1880 y fueron un referente antes de la llegada del pavimento Nolla y la implantación como suelo estándar de cualquier edificación, que supuso el triunfo de los pavimentos hidráulicos; nos referimos al pavimento Anchisi, un tipo de loseta en barro cocido que, con la técnica del incrustado al fuego (encustic tiles en ingles), intentaba renovar la típica loseta de barro monocolor que fue, durante todo el siglo XVIII y XIX, el pavimento por excelencia en los interiores barceloneses (dejando de lado los mármoles y parquets de interiores palaciegos).

17-afcec_ullesd_x_0243 18-anchisi-comedor Pavimento del comedor y hoja de un catálogo Anchisi con el modelo utilizado.

20-afcec_ullesd_x_1093 21-anchsi-pasillo Pasillo y su correspondiente enlosado.

22-afcec_ullesd_x_0519 23-anchsi-dormitorio Modelo del dormitorio.

27-afcec_ullesd_x_2216 28-anchisi-galeria Retrato familiar en la galería con un modelo Anchisi en el suelo.

En conjunto, nos ofrece una imagen de lo que debió ser el aspecto de la mayoría de las casas de la burguesía de la ciudad, hacia 1900: una mezcla de estilos y épocas, de muebles heredados y objetos comprados en los incipientes templos del consumo, los grandes almacenes.

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