Barcelona museo de cerámica al aire libre (5)

Hoy un rápido recorrido por algunos edificios por los que hemos pasado centenares de veces y quizás no nos hemos fijado de las discretísimas aplicaciones cerámicas que poseen, como adorno, en sus fachadas u otros elementos arquitectónicos. Algunos son más difíciles de ver, otros están en primerísima línea pero no evidentes.

Empezaremos con los restos de la cerámica, de rajoles de mostra valencianas de mediados del siglo XIX y que han quedado en la fachada de lo que fue un ala del edificio del complejo de La Casa de la Misericordia, donde hoy en día se alza la facultad de Geografía, Historia y Filosofía. Debieron situarse en lo que fueron algún lavadero o zona auxiliar, recuperando ejemplos de los que se usaron en el resto del edificio. Por el tamaño, de 20×20 seguramente son valencianas, en esa época, la mayoría de las rajoles de mostra catalanas eran de 12x12cm. Para saber del complejo de La Casa de la Misericordia ver aquí.

Del Raval saltamos a la Rambla, en el edificio de la Academia de las Ciencias y las Artes, de Josep Domènech i Estepà, en la cista de las cúpulas de las pequeñas torres, en las que se encuentran los observatorios astronómico y meteorológico, azulejos rojos y amarillos,

No muy lejos, la Casa de Ròmul Bosch i Alsina, un enorme edificio de reminiscencias goticistas, de la familia de arquitectos Bassegoda, en el que encontramos cerámica neoárabe, cerrando los óculos superiores de la enorme tribuna de la fachada principal.

En Rambla de Catalunya 22 un edificio del que no tengo datos, pero adorna las lindes y óculos de las ventanas con una cerámica al estilo de las de mostra del XVIII.

En la calle Balmes-Diputación,  la casa de Enrique Bobes, un edificio de autoría compleja. Los planos, de 1896, aparecen firmados por Manuel Comas i Thos y Enric Sagnier. Parece que el autor es el primero y el segundo debió de realizar alguna tarea de supervisión o modificaciones. En 1905 el edificio es parcialmente modificado por Marceliano Coquillat. En la circular portería encontramos un arrimadero de color verde.

Volviendo a Rambla Catalunya 123, una de las casas Verdú, de los arquitecto Maurici Augé y Salvador Viñals, la tribuna y balcones de la casa estan adornados por una simpele cenefa de axulejos verdes que enmarcan una pieza en relieve que representa una flor, quizás un crisantemo.

Y finalmente en Rambla Catalunya-Diagona, la Casa Serra, de Josep Puig y Cadafalch y sus magníficas crestarías, jarrones y dragones en cerámica.

 

 

 

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Nolla y Anchisi en Canet y Arenys

Resumen de la ponencia que presentamos J.M Llodrà y yo en el II Congreso Nolla.

Antes de la aparición de Nolla, los suelos más comunes eran de losetas o baldosas de barro cocido, que podían formar un pavimento uniforme o con figuras geométricas. Casi cada ciudad o pueblo tenía algún horno que se dedicaba a su fabricación, aunque había centros especializados, como en Cataluña la ciudad de la Bisbal. Las estancias más lujosas o recintos especiales se pavimentaban con mármol o parquet.

Ya a mediados de siglo XIX hay algunas fábricas que empiezan a destacar por el diseño de estas losetas de barro, más sofisticadas y de mejores acabados, como podían ser la fábrica de Antonés y Cía. o la J. Romeu Escofet, ambas en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

 

Interior del Palacio de la Virreina (Barcelona) y Can Saragossa (Lloret) con pavimentos de barro, el segundo seguramente de Antonés.

Con el nacimiento de Nolla (gres), se produce una alternativa a este pavimento cerámico. Nolla destaca por su dureza, coloridos y capacidad de realizar infinidad de diseños. No es la única alternativa al pavimentos tradicional. La loseta de barro evoluciona hacia el mosaico incrustado al fuego. Es en este mismo momento que también aparece el pavimento hidráulico (cemento prensado). Ver diferencias entre ellos aquí. Ver interiores con Nolla en calle Princesa, en la Casa Bonay y en la calle Trafalgar.

El mosaico incrustado al fuego consistía en una loseta de barro, sobre la que, con una plantilla, se realizaban unas hendiduras que rellenadas con barro líquido coloreado, al cocerse formaban un dibujo. En un primer momento estos dibujos se inspiran en las piezas de barro medievales realizadas con esta misma técnica (que se recupera algunos años antes en Inglaterra, dentro del Gothic Revival) y también en los diseños de Nolla, que imitan a medida que Nolla se convierte en el referente del lujo y acabados de calidad.

            

Página de un catálogo de mosaicos incrustados al fuego de J. Romeu Escofet y piezas utilizadas por Domènech i Montaner que se conservan en la Casa museu Lluís Domènech i Montaner.

En Canet y Arenys vemos como en 187o-1880 las casas más lujosas de ambos pueblos se decoran, en las estancias de recibir visitas (salas de música, salones de baile, recibidores), con Nolla, el más lujoso; y el resto de habitaciones con pavimentos de barro cocido.

       

Interiores de las casas Font, Busquets y Parera con pavimentos de Nolla

Interiores de la casa Font con suelos de barro en pasillos y dormitorios

Pero con la llegada del mosaico incrustado al fuego la cosa cambia, en Arenys el italiano Angel Anchisi es el alma de una fábrica que producirá un mosaico de gran calidad que ocupará el lugar de Nolla en estas dos localidades. Estéticamente representa una novedad, tiene atractivos colores y diseños, en la publicidad se presenta como de gran dureza (incrustado al fuego) además de asociarse a acabados de lujo (se le llama mosaico, no baldosa…). Pero es que por la cercanía de la fábrica resultaba mucho más económico, además de más fácil instalación. Desde el principio la prensa compara ambos productos (Nolla y Anchisi) y si en general ambos conviven en mercados muy amplio, como en Barcelona, en lugares concretos como Arenys y Canet, Anchisi se impone, siendo en la década de 1890 prácticamente el único usado, hasta que el pavimento hidráulico se impone y supone la desaparición y cierre de la fábrica Anchisi en 1898.

   Pavimentos Anchisi en la casa Busquets de Canet

Pavimentos Anchisi en diferentes casas de Arenys

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La casa de la calle Valencia 263

    

La casa de la calle Valencia me llamó la atención por la decoración de su fachada. Especialmente la que se concentra en el último piso, un llamativo friso de pinturas, no parecen esgrafiados (desde la calle no es visible la técnica); en la que se representa sobre un fondo, que recuerda la cubierta de tejas de pizarra de las mansardas parisinas, unas figuras femeninas que son alegorías de las artes: poesía, escultura, pintura y música.

Me ha costado encontrar alguna información sobre esta histórica finca. Como primer propietario consta Federico Bonay, vice consul del Brasil y regidor del ayuntamiento de Barcelona, que no vivía en ella; en esa época Bonay residía en Passeig de Gràcia y más tarde en la calle Caspe. Los Bonay eran una de las familias de industriales (aserraderos e importadores de madera) más importantes de la ciudad, la casa familiar, la casa Bonay, estaba en la Gran Via.

También, en 1901, en uno de los pisos de esta finca se fundó la Asociación Wagneria por Luis Suñé, Amalio Prim, José María Ballvé y Joaquin Pena, este último residente en dicha finca.

No he logrado dar con el arquitecto, pero en ese momento, la familia Bonay, en plena fiebre constructiva en el Ensanche, trabajaba con numerosos arquitectos y mestres d’obra: Salvador Viñals, Isidre Gili i Moncunill, José Marimon y Cots… Así que pudo ser cualquier de ellos u otro. Como siempre, cualquier información será bienvenida!

 

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Barcelona un museo de cerámica (4)

Detalles de algunas de las cerámicas que se pueden admirar por las calles de Barcelona en las fachadas o lanzando furtivas miradas a los patios y porterías…

   

Fuente barroca con azulejos de mostra catalanes y valencianos de mediados del siglo XIX, patio del Palau Fivaller, plaza Sant Josep Oriol.

   

Arrimadero de la portería de la casa de Carlos de Lanza, en calle Marqués de Barberà, una de aquellas restauraciones tan agresivas que traspasado la puerta parece una casa de ahora mismo, cuando es de 1898, arquitecto Antoni Maria Gallissà.

   

De la década de 1880/1890 ha de ser esta especial casa de la calle Bolivar, ni en el archivo de la ciudad de Barcelona, ni en el de Gracia he encontrado referencias de este edificio. Cualquier información será bien recibida! Destaca porque en las ventanas/balcones, la decoración se realiza con piezas de gres de Nolla, algo que no es nada habitual, pues se reservaba para los interiores.

                

Y unas de las cerámicas quizás menos vistas del la ciudad, la riqueza cromática, de estilos y de texturas es magnífica en la fachada de la plaza de toros de Las Arenas, bueno o lo que queda de ella después del destrozo interior para transformarla en centro comercial clónico. De August Font i Carreras, del año 1900.

  

La Casa Farreras en Granvía 536, tan delirante por fuera como por dentro. Del arquitecto Antoni Millàs, 1902.

   

Si levantamos la vista hacia las torres del Conservatori de Música veremos que la cerámica no solo la encontramos en el fantástico interior sino también en el exterior. Una cerámica organicista, casi noucentista bajo el alero y con mosaico cerámico bajo los ventanales. De Antoni Falguera, construido entre 1916 y 1927.

 

Arrimadero en una portería de la calle Unió, en el Raval. Un modernismo menos conocido que el de otros barrios pero no por ello inexistente!

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Las casa de los Ullés en la calle de la Mercè 10: un interior modernista/ecléctico

La calle de la Mercè era a mediados del siglo XIX una de las calles de prestigio para vivir en la ciudad amurallada. Así que no es de extrañar que Miguel Elias encargase la construcción de dos edificios de lujo destinados a viviendas. Encargó primero su casa, el numero 12  (1842) al arquitecto Josep Vilar (información obtenida en la página de UPF) y después un edificio de apartamentos de alquiler (en 1852) a Joan Nolla, que hizo un proyecto idéntico al anterior, clasicista con decoraciones escultóricas con alegorías del comercio, la industria o el puerto. Las casas daban por detrás a la calle bajo Muralla, que con la desaparición de las murallas se convertiría en el Paseo de Colón.

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Vista de la ciudad hacia 1860

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Vistas del paseo de Colón, resultado del derribo de las murallas y al que daba la fachada trasera de las fincas de la calle de la Mercè. la primera es de ca. 1885, la segunda con el hotel Internacional de Domènech i Montaner es de 1889. Fotos de Antonio Esplugas (AFB).

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Foto de Emili Ullés con el paseo de Colón nevado e imágenes de las fachadas de los números 10 y 12 de la calle de la Mercè.

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Decoraciones escultóricas

Pero la imagen actual se la debemos a la profunda reforma que realizó en 1884 la propietaria de ese momento, Maria Rosa Costas, viuda de Jover que encargó al mestre d’obres Antoni Serra i Pujals una monumentalización de la puerta de acceso (convirtiéndola en un gran arco de triunfo a doble altura con las iniciales de la propietaria) y del patio interior. Actualmente forma parte de la UPF, aunque en su momento, además de viviendas particulares también fue sede de las oficinas del famoso Anís del Mono.

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Detalle del proyecto de Antoni Serra e imágenes del patio central en la actualidad.

Parece ser que durante la guerra civil, cayó una bomba en el terrado que, por suerte, solo causó daños menores.

Pero lo más interesante de estas fincas fue que en el número 10, seguramente en el principal, vivió la familia Ullés/Costas. Emili Ullés Daura, era un empresario textil (fábrica en Vinarós) y su esposa Angelina Costas venía de una de familia fabricantes de papel (fábrica en la Pobla de Claramunt).

Emili Ullés era aficionado a la fotografía y en el AFCEC dejó toda una serie de retratos familiares y vistas de su casa en la callé Mercè que nos permiten ver un rico interior de una familia burguesa. Las criadas, la dida, los pesados muebles lacados en negro isabelinos, de la ditada conviviendo con las airosas y doradas sillas modernistas o las de estilo historicista alfonsino. Los papeles pintados de las paredes de motivos Art Nouveau, los bibelots, la importancia de los tejidos, las modas japonizantes (con un biombo), las lámparas de gas luego transformadas a eléctricas, los estucados de las paredes, las ricas alfombras que visten los suelos.

12-afcec_ullesd_x_0164  13-afcec_ullesd_x_0218 15-afcec_ullesd_x_0600  16-afcec_ullesd_x_0901 Diferentes vistas del comedor con la niñera y los tres hijos del matrimonio (Emili, Josep Maria y Francesc).

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Pasillo y retrato con silla modernista y biombo.

23-afcec_ullesd_x_1104 26-emili-ulles-daura-afcec_ullesd_x_2084 24  la sala del piano, no podía faltar.

Y unos pavimentos de lujo que se introdujeron en la década de 1880 y fueron un referente antes de la llegada del pavimento Nolla y la implantación como suelo estándar de cualquier edificación, que supuso el triunfo de los pavimentos hidráulicos; nos referimos al pavimento Anchisi, un tipo de loseta en barro cocido que, con la técnica del incrustado al fuego (encustic tiles en ingles), intentaba renovar la típica loseta de barro monocolor que fue, durante todo el siglo XVIII y XIX, el pavimento por excelencia en los interiores barceloneses (dejando de lado los mármoles y parquets de interiores palaciegos).

17-afcec_ullesd_x_0243 18-anchisi-comedor Pavimento del comedor y hoja de un catálogo Anchisi con el modelo utilizado.

20-afcec_ullesd_x_1093 21-anchsi-pasillo Pasillo y su correspondiente enlosado.

22-afcec_ullesd_x_0519 23-anchsi-dormitorio Modelo del dormitorio.

27-afcec_ullesd_x_2216 28-anchisi-galeria Retrato familiar en la galería con un modelo Anchisi en el suelo.

En conjunto, nos ofrece una imagen de lo que debió ser el aspecto de la mayoría de las casas de la burguesía de la ciudad, hacia 1900: una mezcla de estilos y épocas, de muebles heredados y objetos comprados en los incipientes templos del consumo, los grandes almacenes.

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Un carnaval de 1891

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Preparativos y vista la la sala de contrataciones de la Lonja de Barcelona

Ahora que carnaval está aquí, no está mal recordar una de las fiestas de carnaval que marcaron un hito y cuyo recuerdo aún llega hasta hoy día, el baile de máscaras celebrado por el Reial Cercle Artistic en el edificios de Llotja en Barcelona, en el año 1891.

En ese momento, la burguesía de Barcelona pretendía dignificar todos sus actos festivos para diferenciarse de la plebe, demostrar su riqueza y equipararse, salvando las distancias, a París. Divertirse con gusto y elegancia, dando al mismo tiempo un pasito más para alejarse de la clase menestral de la que procedían para acercarse a la aristocracia.

Ese año se celebró el segundo baile del Círculo Artístico (el primero fue en 1889 y el tercero tendría que esperar a 1895; para saber más de esta serie de bailes de máscaras ver el blog de Criticart).

La decoración del salón de contrataciones de la bolsa de Barcelona (del siglo XIV) se adornó para la ocasión según un proyecto del escenógrafo Francesc Rogent, el dibujante Josep Pascó y el arquitecto Francisco del Villar y Carmona.

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La idea primera del director del conjunto fue la de disimular todos los añadidos de siglos posteriores para devolver el edificio a su pureza del siglo XIV. Se trataba de realzar los valores medievales del edificio, y no disfrazarlo con una arquitectura de corte clasicista, por eso se optó por los elementos de carácter medieval y las plantas naturales: escudos los condados catalanes, lámparas (de más 2 metros de diámetro para las que fueron necesarios más de 3100 kilos de plomo para las conducciones del gas) inspiradas en las coronas votivas, tapices y guirnaldas de flores. Otras crónicas apuntan a que los escudos incluían todos los reinos hispánicos y europeos que estuvieron bajo la dominación de Carlos V y Felipe II, al que se sumaban los de la nobleza catalana.

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Escudos varios publicados en prensa y que sirvieron como decoración

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Invitaciones para señoras y caballeros

Tal y como describía un cronista era como entrar en una de las “Corts d’Amor d’en Joan II, l’aymador de la gentilesa”; con algunos anacronismos, como las estatuas griegas, romanas y egipcias que algunos puristas criticaron, pero como decía la prensa de la época la sensación artística era tan potente que ahogaron las voces de los “tiques miquis de l’arqueologia”.

Se recurrió a los artistas del Círculo Artístico para la realización de las diferentes pinturas y dibujos sobre vidrieras bajo la dirección de Pascó. Además de piezas prestadas por particulares, el Ayuntamiento de Barcelona o la Escuela de Bellas Artes.

Toda esta escenografía fue comprada por Ramón de Montaner que la trasladó a su residencia de Canet, el castillo de Santa Florentina donde, durante años, fue utilizada para ambientar las fiestas, celebraciones y demás acontecimientos que allí se celebraron. En las crónicas se mencionaba siembre el gran tapiz pintado por Josep Pascó de Sant Jordi matando al dragón y la alegoría catalanista en la que Ricard de Capmany transformó la Alegoría del Arte Pintada por Cussachs. Todas las piezas han desaparecido en la actualidad menos una, la dicha alegoría de Cussachs.

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Imágenes de la alegoría pintada por Cussachs en la prensa

La pintura de Josep Cussachs aparece descrita como “un caballo desbocado que lleva al genio del arte blandiendo en su mano encendida antorcha”, Ricard de Capmany la repintó transformando la antorcha en una bandera catalana, añadiendo en la otra mano unos grilletes rotos y el vacío espacio del fondo lo repintó con un dragón sobre el que salta el caballo. La simbología está clara. Sigue conservándose en el castillo de Santa Florentina.

Pintura Santa Florentina Cussachs / Capmany

La alegoría de Cussachs / Capmany en la actualidad

La crónica del baile apareció en todos los medios y hasta La Vanguardia publicó un especial dedicado exclusivamente al baile: a su decoración y disfraces de los asistentes, con dibujos de Passos, Labarta, Lorenzale y Torrents, los últimos se remitieron al taller de grabado de Joaristi y Mariezcurrena (uno de los mejor de la Barcelona del momento) a las 5 de la madrugada, hora a la que terminó el baile, para que en un tour de force estuvieran listos en la edición de la mañana.

Y la aristocracia comercial allí reunida no vaciló en colocarse todo su poderío económico encima, así se indica que si en los bailes de sociedad las señoras solo se colocaban una joya, reservando el resto para otras ocasiones, el hecho de ir disfrazadas les dio la ocasión para colocarse todo el joyero encima, así que calculaba que, solo en diamantes, había en aquella sala varios millones. O como describía en La Vanguardia al día siguiente Ezequiel Boixet: “de las lámparas y bugías profusamente distribuidas, caían chorros de luz que arrancaban multicolores reflejos del raso y del terciopelo, hacía surgir vividos destellos del oro y de los brillantes  y jugueteando voluptuosos sobre la morbidez de los desnudos hombros y gargantas femeniles…”

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No fue el único baile de carnaval, la primera marquesa de Villanueva y la Geltrú (Vilanova i la Geltrú) era famosa por sus fiestas en el palacio de su marido, el palacio Samá, que casualmente estos días porque vuelve a estar de moda. Demolido en 1937, en el solar se edificó el actual edificio del Banco Vitalicio, banco que desde el mes de febrero es la nueva tienda de H&M en Barcelona.

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 Imágenes del baile aparecidas en la prensa y una fotografía de la entrada del palacio, actualmente desaparecido

 

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La cerámica modernista y Lluís Doménech i Montaner

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Sábado 18 de febrero se inaugura (hasta el 17 de septiembre del 2017) la nueva exposición temporal, que he tenido el placer de comisariar, en la Casa museu Lluís Domènech i Montaner, de Canet de Mar.

El objetivo era presentar al público la amplia colección de cerámica aplicada a la arquitectura por Domènech i Montaner que se conserva en los fondos.

Para ello la hemos arropado con una pequeña introducción donde se dan cuatro pinceladas de la cerámica histórica. Desde la cerámica medieval, que comenzó a ser estudiada durante el modernismo (Josep Font i Gumà, arquitecto colaborador de Domènech fue el primero en hacerlo) y que tantos modelos dió a la cerámica modernista, como la rosa heráldica tan usada por Domènech

Cerámicas siglo XIV, Museu d'Arenys  Suelo castillo de Santa Florentina

Conjunto de azulejos con rosas del siglo XIV (Museu d’Arenys de Mar) y uno de los suelos del Castillo de Santa Florentina (Canet) con los azulejos diseñados por Domènech.

También la recuperación de técnicas como el reflejo dorado, tan buscado y usado por los modernistas.

Cerámicas iglesia cComillas en el comedor de la Casa Museu  Cerámica Puig i Cadafalch (Museu del Disseny)

Pared del comedor de la Casa Domènech (actual casa museo) con las cerámicas que Domènech usó para la iglesia de Comillas (fábricas de Pujol i Bausis y La Ceramo) y una pieza en reflejo dorado (Museu del Disseny, Barcelona) diseñada por Puig i Cadafalch (fábrica Pujol i Bausis).

En el siglo XIX llega la industrialización y los historicismos, en los que se usan todo tipo de catálogos para buscar motivos que den un caracter nacional o exótico a los productos industriales.

Azuelo neo áraba de El León   Dibujo árabe de un códice aplicado en cerámica

Pieza decorada a la trepa en azul de mediados del siglo XIX (Museu d’Arenys de Mar) y azulejo de estilo nazarí de la fábrica El León, de Castellón, junto a una página de un repertorio de piezas artísticas con una iluminación árabe que, seguramente, fue el modelo que se copió (Colección particular, Canet).

Los grandes arquitectos, crean modelos exclusivos para sus clientes/mecenas, mientras las grandes fábricas de Valencia, Sevilla o Cataluña producen modelos más sencillos para el resto de la población.

Ceramica Park Güell  Dibujo Matamala del Park Güell

Piezas diseñadas por Gaudí y Jujol para el Park Güell de Barcelona, junto al dibujo que realizó J. Matamala en la década de 1960 de los dibujos que los decoraban. En la restauración llevada a cabo en 1990 acabaron en un container de donde fueron rescatados (Colección particular, Barcelona)

Evidentemente un material de éxito es imitado, dos de los inventos más curiosos del modernismo fueron los azulejos de cartón prensado de Hermenegildo Miralles y los azulejos cristálicos (base de cemento, pintura y cubierta de cristal) de los Oliva Hermanos.

Azuelo cartón Hermanegildo Miralle  Azulejo xristálico Oliva Hermanos

Detalle de un azulejo cristálico en el que se ve la diversidad de materiales que lo pueeden formar (Colección particular, Canet) y una azulejo de Hermenegildo Miralles de cartón prensado (Colección partículas, Canet)

La cerámica en Domènech es uno de los rasgos más distintivos su arquitectura y fue quizás el arquitecto que la empleó en sus más variadas formas. La exposición presenta una evolución de su estilo (que no es lineal): desde la influencia de los modelos medievales hasta el uso de la flora como tema central y las diferentes formas de aplicarla: desde una visión taxonómica, casi realista de la planta a formas tan estilizadas que rozan la abstracción.

Ramas de olivo, Casa Thomas  Tallos de Rosa, Pere Mata?  Rosa Hospital Pere Mata     florón Palau de la Música?

Diferentes piezas de la Casa museu procedentes de edificios de Domènech i Montaner

Pero también de las técnicas: en los clásicos azulejos, en azulejos en relieve, en mosaico a la romana, en trencadís, en relieve… Un uso que se hace intensivo en el Palau de la Música y el Hospital de Sant Pau en la que la integración es total, realizándose formas arquitectónicas (nervios y claves de bóvedas, columnas, capiteles, etc) directamente en cerámica. Finalmente, en la Casa Fuster, el uso de la cerámica se ve reducido, aún así, se han conservado unas columnas enteramente cerámicas y parte del pavimento del suelo, losetas de barro cocido de la fábrica Romeu Escofet. Una cerámica diseñada por él o pos sus colaboradores, como el arrimadero de naranjas de Lluís Bru.

Azulejo Hospital Sant Pau Azulejos Hospital de Sant Pau Columnas procedentes Casa Fuster       Arrimadero, Lluís Bru

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